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Las palabras de Canel a los intelectuales y "el pan" de Omar Valiño

Emilio Ichikawa

Cuba podría esperar algo de sus obreros, de sus jineteras, de sus cuentapropistas, de sus peloteros, de sus ajedrecistas... y hasta de sus futbolistas, pero nada de su clase intelectual; en particular de sus periodistas y escritores.

Actualmente existe en los medios cubanos una carrera por demostrar quién tira más largo de la leva de Canel; a quien intentan canonizar luego de su discurso en la clausura del Congreso de la UNEAC. De todos los textos que he leído, el que me parece más desvergonzado es el titulado "El pan y la rosa juntos", de Omar Valiño.

Valiño rompe, con inconciencia e improvisación, varias tradiciones cubanas. Amparado en la crónica, evitando el compromiso de la escritura en primera persona, reporta: "En los pasillos el entusiasmo (con Canel) era notorio, la emoción notable. Hasta algunos ateos señalaban que Fidel allá arriba lo miraba contento."

En la tradición mitológica cubana, la gente se pregunta qué es lo que pudiera estar pensando Martí sobre las cosas terrenales y entonces Martí, acaso, responde. Con Valiño la cosa cambia: Fidel está en el cielo y dicta. Reacciona sin necesidad de interlocutor. Se pone contento o se disgusta. Esta vez un Fidel vibra en la montaña por Canel. "Martí no debió de morir"; Fidel, en cambio, vive.

Valiño es kitch y da un quite a la verdad sociológica e institucional; no miente pero embaraja los hechos: Quien mira y vigila a Canel no es Fidel desde "allá arriba" sino la contrainteligencia desde muy cerquita.

Con Streisand y más recientemente con Lady Gaga pudimos ver el nacimiento de una estrella; en su artículo para LA JIRIBILLA y LA PUPILA INSOMNE Valiño asegura que asistimos al nacimiento de un líder: "(Canel) es un dirigente que va convirtiéndose en líder y dibuja horizontes para seguir junto a él. ¿Cómo no estar de acuerdo con esas líneas maestras del final de su discurso si en ellas se acrisolan los sueños de generaciones de cubanas y cubanos por un país mejor? ". En la historia de la lisonja política cubana no recuerdo un párrafo más entreguista.

Valiño celebra la piñata: Canel dará oportunidades para que la clase intelectual cubana fagocite. Y a este mangoneo (Roa dixit) Valiño le llama "pan", como en la vieja Roma. Tan preocupado por la continuidad cultural, aquí el crítico post-académico se carga otra tradición: Lo que la cultura revolucionaria ha puesto junto a la rosa no es la jama, no es el pan; sino una guitarra y una estrella, a veces, o sangre y un fusil.

-IMAGEN: Casa de las Américas. Cuba

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