Yo creo que a nivel de Filosofía social, la mentira rectora que ha fabricado el pensamiento occidental radica en afirmar que entre el capitalismo y el comunismo (modo extremo del socialismo) existe una diferencia de cualidad, cuando se trata solo de proporciones. De cuantidad.
El pasado 15 de marzo (2019) el periódico GRANMA publicó un trabajo titulado "Las máscaras de la utilidad". En él la periodista Yudy Castro cita a la funcionaria Lourdes Rodríguez Ruiz, Directiva del Ministerio de Finanzas y Precios (MFP) de Cuba, mostrando preocupación por el aumento de la productividad en algunas empresas. Dicha preocupación, claro ejemplo de lo que es el "subdesarrollo autoimpuesto" (por motivos políticos), busca evitar la creación de desniveles sociales (desigualdades) a través de pagos por sobrecumplimiento.
Para conservar la estructura social (el régimen) creada, el socialismo cubano prioriza el uso de sanciones penales, el control ideológico, la instigación pública contra el enriquericimiento y la policía (DTI).
Como decía al principio, el capitalismo no es cualitativamente distinto al comunismo en el punto referido a la protección de la escala social desovada en algún momento de su historia. Usa todos los mecanismo de control políticos, penales e ideológicos para ese fin, pero prioriza el diseño de políticas impositivas más discretas; tanto, que más que sanciones parecen mecanismos naturales de autorregulación.
Un ejemplo. Las llamadas "horas extras" u "overtime" es el recurso que tiene el trabajador de a pie para incrementar su cheque semanal, o quincenal. Más "overtime", más dinero… Pero esa escalada tiene un problema: existe un punto óptimo de "horas extras" que no es recommendable rebasar, pues el pago de impuestos empieza a reducir el total. En ese punto, pues, el trabajador (no es solo cuestión de millonarios) decide ganar menos, quedarse "save" en su lugar social, lo que equivale a una contrarrevolución silenciosa. Un sutil rechazo al cambio. (Por Emilio Ichikawa)
El pasado 15 de marzo (2019) el periódico GRANMA publicó un trabajo titulado "Las máscaras de la utilidad". En él la periodista Yudy Castro cita a la funcionaria Lourdes Rodríguez Ruiz, Directiva del Ministerio de Finanzas y Precios (MFP) de Cuba, mostrando preocupación por el aumento de la productividad en algunas empresas. Dicha preocupación, claro ejemplo de lo que es el "subdesarrollo autoimpuesto" (por motivos políticos), busca evitar la creación de desniveles sociales (desigualdades) a través de pagos por sobrecumplimiento.
Para conservar la estructura social (el régimen) creada, el socialismo cubano prioriza el uso de sanciones penales, el control ideológico, la instigación pública contra el enriquericimiento y la policía (DTI).
Como decía al principio, el capitalismo no es cualitativamente distinto al comunismo en el punto referido a la protección de la escala social desovada en algún momento de su historia. Usa todos los mecanismo de control políticos, penales e ideológicos para ese fin, pero prioriza el diseño de políticas impositivas más discretas; tanto, que más que sanciones parecen mecanismos naturales de autorregulación.
Un ejemplo. Las llamadas "horas extras" u "overtime" es el recurso que tiene el trabajador de a pie para incrementar su cheque semanal, o quincenal. Más "overtime", más dinero… Pero esa escalada tiene un problema: existe un punto óptimo de "horas extras" que no es recommendable rebasar, pues el pago de impuestos empieza a reducir el total. En ese punto, pues, el trabajador (no es solo cuestión de millonarios) decide ganar menos, quedarse "save" en su lugar social, lo que equivale a una contrarrevolución silenciosa. Un sutil rechazo al cambio. (Por Emilio Ichikawa)
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